La pérdida de los sentidos: el tacto

Ayer tuve en mis manos 221 años de historia. La Biblioteca Latinoamericana de la Universidad de Tulane, tiene entre su colección de libros antiguos El Mercurio Peruano, un periódico fundador de América Latina y en particular del Perú.

Yo estuve revisando un ejemplar de 1792. El personal de la biblioteca, dirigido por Hortensia Calvo, nos enseñó cómo tratar adecuadamente los libros, con guantes en algunos casos, sin forzarlos, utilizando paletas especiales para detener las hojas pues las manos y su grasa es lo que deteriora el papel ya bastante viejo. También hay pesos especiales para mantener las páginas abiertas sin sostenerlas con nuestros dedos. De modo que fue un aprendizaje muy bonito que me reafirma en que el tacto, el contacto, es irremplazable.

Sin embargo, nuestra sociedad, como he venido desarrollando a lo largo de esta serie de comentarios sobre los sentidos, parece querer anular nuestra vivencia de las cosas. Si pensamos en el éxito de las redes sociales, los correos electrónicos, los chats, el Skype frente a las cartas escritas a mano, los sobres blancos, el papel casi transparente y liviano para enviar correspondencia vía aérea, una charla frente a frente en un café, en la esquina del barrio, en la sala de estar; nos damos cuantos de los sentidos involucrados en un caso se anulan en el otro.

Tal vez por eso, por la falta cada vez mayor de familiaridad con el otro es que encontramos tantas formas en que el tacto falla, en su sentido de prudencia, sutileza, probidad. Las personas se dirigen de una manera casi insolente a otras para decir algo muy sencillo, sin encontrar la manera apropiada, amable, adecuada de decir o conseguir lo que quieren. Si la comunicación es ya uno de las aspectos más complejos de las relaciones humanas, la falta de contacto, trato, impide que los jóvenes sobre todo, pero adultos también, perfeccionen y hagan más eficientes sus maneras de relacionarse con los demás.

Si las comidas familiares consisten en ver la televisión, ¿en qué lugar, de qué manera aprenden los niños a comunicarse, a comportarse en una reunión? Más allá de la información o la sapientiacontenida en todas las nuevas formas de tecnología que hoy nos rodean, lo más elemental es poder traducir ese saber en nuestras vidas diarias, cotidianas, en nuestro contacto con el mundo. Si el mundo se nos hace más extraño, más ajeno, entonces no nos sirve. Si perdemos el contacto con lo que nos rodea, el tacto de eso alrededor, perdemos también una parte esencial de nuestras capacidades humanas.

Retomando lo dicho, tal vez mi preocupación sea la de mantener nuestros cinco sentidos alertas y buscar experiencias que impliquen todas esas sensaciones: el olfato, la vista, el tacto, el sabor, el sonido. Aquellas serán las experiencias que debemos perpetuar, anhelar, nunca darlas por perdidas porque estoy segura que nos regalarán mucho más de lo que esperamos.

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